En memoria de una Alaska

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Cuando el frío nos golpeaba más fuerte, en Julio pasado, decidí releer Buscando a Alaska de John Green, básicamente porque cuando lo leí por primera vez no le encontré mucha gracia y me pareció injusto olvidarlo. Los libros nunca deben ser dejados de lado como un objeto decorativo, hay vida dentro de ellos, palabras que esperan ser conservadas y que construyen pilares de vida. Fue así como me encontré con el Gordo, un personaje tan real y honesto como todos los hijos literarios de John Green.

 

La historia se centra en este personaje, que al no tener absolutamente ningún vínculo de amistad con gente de su colegio, decide irse a un internado en busca de lo que él denomina “El gran quizás”. Lo más particular del gordo es que tiene una fascinación por las “últimas palabras” de gente famosa y que obtiene leyendo biografías, un pasatiempo bastante interesante si nos ponemos en el escenario de que no se espera que exista alguien que haga eso con su tiempo libre.

 

Al llegar al internado, que era totalmente diferente a lo que el gordo esperaba, conoce a su compañero de habitación a quien todos conocían como El General, quien se convierte en el primer amigo del gordo, junto con un asiático llamado Takumi. La verdad es que quería dejar para el final de esta descripción a quien nombra el libro, Alaska, la compañera que reconozco todos hemos tenido en la vida. Una mujer hermosa, inteligente, sin límites y que por supuesto deja al gordo en las nubes, soñando con algún día poder recrear el cielo en su honor.

 

La historia cuenta cómo este grupo de amigos, que de cierta forma lideran la resistencia más rebelde del internado, se las arreglan para hacer de lo que podría ser una monótona experiencia escolar en una aventura diaria, donde se ponen en juego temas como la lealtad, la libertad, el amor, el dinero y la vida.

Sin entrar en detalles, por respeto a quienes no quieren un spoiler, les diré que mi experiencia con Buscando a Alaska fue realmente una gracia del destino, de Dios o de quien sea que lo puso en mi camino en esa fecha. Una parte del libro, se centra en una clase de “religiones” donde un profesor muy anciano les hace ir desglosando todas las creencias y espiritualidades del mundo, una clase que el gordo y sus amigos detestaban, pero que al pasar el año y los acontecimientos, se vuelve un motor esencial de la historia. Y ¿por qué fue tan importante?, porque la verdad es que días después de terminar el libro, fui victima de un episodio muy doloroso, la muerte de mi abuela, el motivo principal de por qué no había escrito en dos meses y al pasar los días y las semanas, me di cuenta de que lo leído en este libro significó en mi un entrenamiento de “cómo lidiar con la muerte sin perder la cabeza”. El análisis del gordo, los acontecimientos en el internado y el ir aceptando los procesos que nos tocan enfrentar en la vida.

 

Están de moda estos libros con mensajes de vida y personajes tan comunes que llegan a ser fuera de lo común, pero particularmente Buscando a Alaska, es una maravillosa manera de darse cuenta de que la vida esta formada por extremos muy intensos, un día estamos riendo con nuestros amigos mirando el mar y al día siguiente estamos llorando porque ocurrió lo que nunca esperamos que pasara, y poder entender lo hermoso de esa ambivalencia de la vida, lo afortunados que somos de no saber lo que nos depara el destino, es el ingrediente principal para valorar cada detalle del día, cada sonrisa regalada, cada travesura con los amigos, cada oportunidad para decir “te amo”, cada última palabra, como un tesoro de alguien a quien no volveremos a ver en la tierra.

 

Nuevamente gracias a John Green por escribir historias tan fantásticas, quiero dedicar esta entrada a mi abuela, que siempre me contó historias de su vida y que tengo la certeza de que se las arregla para seguir en mi vida y también a Gabriel, un Alaska en muchos sentidos que hoy nos mira desde el cielo.

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Estrellas defectuosas y la revolución del Cáncer

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Era agosto del 2013 y por cosas del destino yo estaba en Nueva York, exactamente en la librería Barnes & Noble de la Quinta Avenida, vuelto loco – son tres pisos llenos de libros que además de bonitos, son baratos- de esos que dan ganas de comprar sólo para adornar la pieza. En el subterráneo de la librería, está la sección juvenil y al lado de la escalera había un estante lleno de libros celestes y unas versiones de coleccionistas grises, con polera incluida bajo el título The Fault In Our Stars de John Green. Era bonito el libro, le eché el ojo pero no lo compré… aún me arrepiento.

Dos meses después andaba como loco buscando en internet donde conseguir el libro, hasta que lo encontré y a tiempo.

La historia es bien simple: Hazel Grace Lancaster era uno de esos casos del cáncer infantil que cada cierto tiempo salen en las noticias. Le diagnosticaron cáncer de tiroides a los 13 años y luego una ramificación a los pulmones que la llevó al borde de la muerte, pero un nuevo medicamento experimental llamado Phalanxifor, que no había resultado en (casi) nadie, hizo efecto en ella y evitó el crecimiento y expansión de los tumores en sus pulmones, dejándola destinada a vivir con un tanque de oxígeno las 24 horas para poder respirar.

Hazel tiene 16 años cuando comienza a narrar el libro, partiendo por detalles de su vida y enfermedad y cómo para evitar caer en un estado depresivo, su mamá y su doctora la obligan a ir a un grupo de apoyo en una iglesia, donde niños y jóvenes con cáncer se juntan en el “Corazón de Jesús” con un guía que también es sobreviviente.

A mí me carga hablar de cáncer, me da miedo, porque tengo o más bien tenía una obsesión relacionada con que si me metía mucho en el tema, me iba a enfermar, tonteras de obsesivos compulsivos. La cosa es que la manera de abordar esta enfermedad, la mirada irónica y sarcástica de Hazel frente a su condición y frente a la vida, facilita mucho entrar en la historia y hasta este punto, es bien interesante, incluso divertido, que es lo que menos esperas de un libro con cáncer dentro de sus ingredientes.

En este mismo grupo de apoyo, aparece Augustus Waters: 18 años, osteosarcoma, amputación de pierna derecha y sin embargo, una personalidad irreverente y segura. De esos personajes que no puedes dejar de leer porque irradian alegría y positivismo. Además de su atractivo físico, era muy simpático y Hazel le “esha el ojo”.

El libro continúa su curso, tejiendo esta historia de amor de dos niños con cáncer, que por muy predecible que te pueda parecer, se las arregla para sorprenderte con enseñanzas de vida, dejando de lado la enfermedad y pasando de ser una tragedia a una obra emocionante y simbólica.

 

#MECAMBIOLAVIDA … OK NO

Hay un antes y un después al leer TFIOS (sigla en inglés). Primero lo lees sabiendo que nada alegre puede salir de un libro que tiene como elementos fundamentales una enfermedad terminal y gente joven que la padece, ya lo hemos visto, ya hemos llorado con esos temas. Pero John Green es tan seco, que demostró que aun padeciéndolo, se puede ser feliz y todo tiene que ver uno de los elementos que más me quedan del libro: AGRADECER.

No por conformismo, no por resignarte a que esta es tu vida y listo, tiene que ver con los elementos que conforman esa vida, que hacen que no importe si dura 80 años o 20 años, porque fuiste feliz. Entonces cómo no agradecer las risas, las alegrías, las cosas buenas y también las malas como el cáncer, que también es parte de esa vida y que sin él no sería la misma vida.

John Green se la jugó, se merece el éxito que está teniendo. Los personajes creados para esta historia son tan sencillos y tan complejos a la vez, tan llenos de símbolos que puedes tomar citas del libro y hacer un efecto Principito, publicarlas en las redes sociales, ponerlas en un lugar especial o tatuártelas. Porque son frases bien pensadas, bonitas, simbólicas y buenas para la vida.

 

Peter Van Houten y las cosas simples de la vida

Uno de los motores de la novela es Peter van Houten y su libro An Imperial Afflition, el libro favorito de Hazel y por el que pasan muchos acontecimientos, pero que más allá de los hechos, pienso que es una invitación a reflexionar sobre el tamaño de las cosas frente al tamaño de tu vida. Hazel no sabía exactamente iba a vivir y en esa realidad, saber el final de una libro a tiempo es tan relevante como los abrazos que vas a alcanzar a dar, hecho que sensibiliza y que emociona, porque la verdad es que nadie sabe cuánto va a vivir y entonces ¿por qué estamos esperando sentados a que las cosas que más nos importan pasen solas? Yo me motivé y créanme que si pudiera sacar una enseñanza de vida de este libro sería esa, tomar riesgos para ser más feliz todos los infinitos que nos queden.

 

#MEPASEELMANSOROLLOCON la película

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Chile es un país bastante afortunado en temas cinematográficos, porque llegan casi todas las películas y antes que otros países de la región, así fue el caso de TFIOS o Bajo La Misma Estrella, que fui a ver solo, a una hora en que sabía no iba a estar lleno el cine y con una caja de pañuelos desechables: Yo sabía que iba a llorar.

Hay varias cosas que hacen buena a una película y que no necesariamente tienen que ver con la historia. Es una fusión entre la música, la fotografía, los actores y el ambiente que se genera, que hacen que te sientas tan cómodo con lo que ves que te dan ganas de participar de la historia y así es esta película: Hermosa.

Captando lo más importante, la personalidad y la esencia de los personajes, su inocencia amenazada por una enfermedad que no perdona edades y aun así intacta, mostrando una perspectiva del mundo desde una vida llena de dolores y torturas, pero con la esperanza que sólo te da el amor.

En la película se acentúa el cambio de vida que significa para Hazel el haber conocido a Augustus y cuando pasan las cosas lloras. Lloras casi toda la película porque la historia lo merece, pero ocurre una particularidad, no lloras por pena, ni lastima, ni tristeza; lloras de emoción, de esa que nace de algo muy bueno, de un sueño cumplido y de un cambio de vida. Lloras porque te alegras de haber visto lo que viste y es tanta la alegría que tu cuerpo no encuentra otra manera de expresarlo.

Como cinéfilo ignorante que soy, no puedo sino hacer una invitación masiva a ver esta película, a llorar con ella y a disfrutar de esos días posteriores en que aún tienes el dolor en la garganta. Y ahí, quiero hacer una mención honrosa a Ed Sheeran, que canta la canción principal del Soundtrack llamada All of the stars, que resulta ser muy buena extensión y compañía para superar esta historia y hacerla parte dignamente de tu vida.

 

¿Por qué no uso el título en español?

Tienen que saber que Bajo la misma estrella no significa nada, trataré de explicar esto sin spoilers, porque esto lo entiendes sólo si has leído el libro y la idea es que lo lean. Resulta que haciendo referencia a una cita de Shakespeare que dice: “La culpa, querido Brutus, no está en nuestras estrellas, sino en nosotros mismos que somos subalternos” Peter Van Houten le cuenta a Augustus que en realidad Shakespeare estaba equivocado, pues hay culpas sobre las que nosotros no tenemos control: Que Hazel estuviera enferma, que Augustus estuviera enfermo, que la historia siguiera el curso que siguió son cosas que no nos competen y que usando esta analogía, es más lógico culpar a las estrellas: La Culpa En Nuestras Estrellas.

 

 

 

El Ignorante