En memoria de Hannah Baker ðŸ“¼

En agosto del 2013 me compré 13 Reasons Why de Jay Asher en Barnes & Noble de la Quinta Avenida, lo quería leer hace rato pero no existía en español y no era conocido en mi país (Chile) aún, sin embargo como andaba de viaje, aproveché la ocasión y me lo compré en una hermosa versión tapa dura y a sólo 12 dólares (una ganga en comparación con lo costosos que son los libros en Chile gracias al impuesto al libro).

Es una historia rápida y fácil de leer que cuenta la experiencia de Clay Jensen, un joven de 17 años que cursa el junior en secundaria, algo asi como tercero medio en Chile. Una noche Clay recibe de forma misteriosa una caja llena de cassettes y un mapa, con la instrucción de escucharlos en orden y luego pasarlos al siguiente destinatario, con la amenaza de que si no se cumple este cometido, otra copia de estas cintas se hará pública y todos sabrán quienes fueron los 13 responsables del suicidio de Hannah Baker, su compañera de clase, de trabajo y de quién estaba enamorado.

A estas alturas ya todos deben saber como se desarrolla la historia y lo relevante que fue en su momento al poner temas como bullying y suicidio en primera plana en términos de literatura juvenil. Ya han pasado casi 4 años desde que me leí este libro, pero sólo unos días desde que vi la serie que Netflix produjo, y es de eso de lo que vengo a hablar.

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Antes de ver la serie, una amiga de Facebook invitaba “a no verla si tuviste depresión”, yo honestamente, conociendo la historia contada a través del libro me dije “que exagerada, no es tan terrible”, pero no la había visto, asi que preferí no comentar su publicación y mejor ver la serie, para conocer esta versión también, la versión más cruda de todas.

Partí un día lunes, agradecido de la música, la fotografía y las caras poco conocidas que eligieron para interpretar a los personajes, la verdad yo no me los imaginaba así -estos de la serie son mejores que los que yo construí en mi mente-. Y en menos de 10 minutos ya estaba inserto de nuevo en una historia que te atrapa, que te incita a seguir descubriendo capitulo tras capitulo el misterio de la muerte de una joven que, a simple vista, tenía los problemas normales que tiene cualquier adolescente, “problemas normales”… este es el primer problema.

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Normalización de los problemas

Si hay algo nefasto que hemos adquirido como sociedad, es la capacidad de bajarle el perfil a todo, a lo que nos alegra, a lo que amamos, a lo simple y a lo rebuscado, pero sobre todo al dolor ajeno. ¿Cuántas veces no nos ha pasado que vamos a contar un problema y terminamos escuchando el problema de otros? y hasta dando consejos mientras nuestro dolor queda enterrado ahí dentro, sin tener la oportunidad de drenarse, es como si el tiempo nos hubiera quitado el derecho a reclamar ser bien tratado. Hace unas semanas una amiga sufrió un acoso por un desconocido en la calle, sin embargo el cuestionamiento que se generó en torno a ella fue el por qué ella no hizo ni le dijo nada, como si fuera normal ser acosada y fuera ella quien tuviera que hacer algo ¿qué clase de mundo es este? Todos los problemas, por muy mínimos e insignificantes que parezcan, merecen ser escuchados, solo tú sabes el tamaño de tu dolor, de tu problema.

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Entonces seguí viendo la serie y mientras pasaban los capítulos me pasó lo que menos esperaba, empecé a sufrir, empecé a sentir empatía con Clay y con Hannah. Era un dolor que se intensificaba como el picor de los ojos cuando le vas quitando capas a la cebolla, pero la curiosidad me hizo querer seguir viendo como se desarrollaba esta versión de la historia, una versión más completa, donde a diferencia del libro uno es capaz de conocer a fondo al resto de los personajes que le costaron la vida a Hannah Baker.

El dolor de Clay

Para mi Clay Jensen es una pieza fundamental en esta historia, que le entrega una riqueza única y es la de la inseguridad, la inseguridad que probablemente todos pudimos experimentar en alguna situación de nuestra vida. Cuando somos pequeños y vemos todo inalcanzable, cuando amamos a alguien y sentimos que no va a poder ser, cuando deseamos con desesperación que ocurra un milagro, un milagro como que el suicidio de esa mujer que tantos amas sea una mentira, un mal sueño. Pero la verdad siempre es más incómoda de lo que uno espera, entonces te queda bancarte el dolor y ver si es posible que tu mente, tu cuerpo y tu alma sean capaces de soportarlo.

Este chico sufre de una forma tan honesta, que te mueve el piso y te lleva a escenarios propios en donde tú también has estado, te invita a llorar, a enfurecerte y a salir de esto junto a él, porque si de algo estamos seguros es de que al terminar el día, este mismo dolor es el que te impulsa a salir del hoyo, como a todos nos ha pasado. Tengo que hacer una pausa para alabar el trabajo de Dylan Minnette, quien incluso sin palabras, solo con una expresión facial es capaz de decir “estoy hecho bolsa y no entiendo nada” al momento de interpretar a un Clay Jensen que no podría estar mejor construido.

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La verdad duele

Durante mi obsesión repentina a esta serie, empecé a buscar reseñas y publicaciones al respecto y me sorprendió el revuelo que causó lo explicita que puede llegar a ser la serie, no quiero hacer spoilers, aunque ya para nadie es un misterio que en esta propuesta audiovisual vemos explicitadas violaciones, distintos tipos de violencia física y psicológica y por supuesto, suicidios. Esto le significado seguidores y detractores, porque para gente sensible puede ser muy fuerte, yo que no me considero tan sensible también la encontré terrible, fuerte, con escenas muy incomodas y hasta grotescas, pero ahí es donde viene el cuestionamiento, ¿por qué no deberíamos mostrar estas escenas?.

La verdad duele, pero merece ser contada de la forma más realista posible, es nuestra obligación decirle al mundo que hay muchas Hannahs Baker que están perdiendo la vida, que están sufriendo y que viven lo que a nosotros nos incomoda ver, es en memoria de Hannah Baker, de su sufrimiento y de su dolor que nosotros debemos mirar la realidad de la forma más sincera posible, aunque duela. Por eso aplaudo de pie todas esas escenas que me hicieron llorar, sufrir, cerrar los ojos e imaginar en mi cuerpo el dolor físico y el peso en el corazón que no sólo Hannah, sino todos los que la rodeaban sintieron en algún capitulo.

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Lo que esta serie viene a poner en el tapete, es la lucha contra el bullying de cualquier tipo, lo cercano y triste que puede llegar a ser un suicidio, no sólo para los que quedan vivos, sino para esa persona que antes de dejar de respirar, poco a poco empieza a morir en vida porque nadie le dijo que era una pieza única e irrepetible en el mundo. Yo quedé con el corazón destrozado al ver como esta pobre chica era víctima de lo que para muchos es normal, de lo que nadie se cuestiona como peligroso o violento. Yo sufrí como nunca al ver a un chico enamorado que poco a poco se iba enterando como le quitaron la vida a esa mujer que él amaba. Yo me tuve que aguantar la rabia al  ver esas escenas donde los padres de una chica, sufren y luchan por encontrar una explicación que el resto del mundo parece no necesitar, porque se suicidó y ese es el fin de la historia, la empatía no corre para los suicidas, ellos eligieron suicidarse… pero, yo también me alegré en algún momento, entre esta tormenta de sentimientos, al ver como esta chica lograba encontrar en esa muerte forzosa y dramática una solución, la que nadie quiere, la que está vetada y castigada por religiones y estados, pero sobre la cual nadie tiene culpa, salvo el suicida.

Es por todo esto, que comparto mis 13 razones para ver #13RW:

1.-  Porque habla sin tapujos y en buena calidad sobre temas relevantes, reales y más cotidianos de lo que esperamos: El bullying y el suicidio.

2.- Porque es una serie de muy buena calidad, tanto en temas técnicos como de interpretación.

3.- Porque nos hace reflexionar y sentir cosas, no somos solo ojos estáticos frente a la pantalla.

4.- Porque es necesario sensibilizarse frente al sufrimiento ajeno.

5.- Porque tiene muy buena música.

6.- Porque está basada en un libro y ya son muchos los que se han animado a leer tras ver una serie o película.

7.- Porque no censura la realidad y muestra las cosas como son.

8.- Porque más que una simple serie, es una experiencia que te involucra de manera emotiva.

9.- Porque entrega un mensaje de superación en un ambiente tan hostil como un suicidio, que puede ser hasta terapéutico.

10.- Porque nos invita a cuestionar los hábitos de la sociedad en que vivimos.

11.- Porque vuelve a poner en boca de todo el mundo, lo importante de luchar contra el bullying.

12.- Porque nos hace ver lo importante de hacernos cargo de nuestras acciones.

13.- Porque yo lo digo, fin. ðŸ˜Ž

Hannah Baker

Descansa en Paz Hannah.

El Ignonrante

PS: Si aún no has visto la serie, te dejo el trailer a ver si te animas 🙂

 

Erin Gruwell y la batalla por la Educación

 

 

Les pido permiso para instaurar en esta publicación, un tema social:

Entre un grupo de películas olvidadas e ignoradas por la gente, se encuentra una muy especial. Tanto así, que le voy a dedicar un espacio en este blog, a ver si logro hacer que más gente la vea y se deleite de una historia real y motivadora.

Hace 7 años, cuando todavía existía Blockbuster en Chile, yo tenía la costumbre de pasar al menos una vez a la semana a explorar nuevas películas y libros, tratando de saciar esa sed que me rehusaba a calmar descargando –porque según yo le hacía un daño horrible al cine– y fue ahí, cuando me topé con el título Escritores de la libertad, en la pared de estrenos, lista para convertirse en mi panorama del día. Los anzuelos fueron –en primer lugar- que la protagonista era Hilary Swank, que era una producción de MTV y que daba la impresión, sólo a la vista, que tenía que ver con algo social.

La película cuenta una historia real. Era 1992 y en una escuela pública de Long Beach, California, la profesora recién titulada Erin Gruwell de 23 años, se disponía a comenzar con su primer trabajo, enseñando en un curso que resultaría ser bastante especial. Partiendo porque en Estados Unidos era una época muy difícil; primando factores como el racismo, las pandillas y la vulnerabilidad social en que vivían los personajes.

Esto trae como resultado que en la primera clase (y en las siguientes) ella era un elemento más en la sala, siendo ignorada por todos los alumnos. Al pedir ayuda a los demás profesores, ella se da cuenta de que esta es una realidad asumida con anterioridad en la escuela “esos niños no tienen  futuro, así que ¿para qué esforzarse?”.

Erin, con todo el ímpetu y ganas (de recién egresada) de hacer bien su trabajo, se involucra en este desafío de ganarse la posibilidad de hacer algo al respecto, a pesar de que nadie se lo esperaba. Y tras observar como el curso entero batallaba una guerra de racismo e intolerancia –demasiado para un salón de clase- hace un alto al fuego para hablar del Holocausto.

Y así emprende un camino junto a un grupo de estudiantes condenados al fracaso en la vida (si lograban sobrevivir a las peleas de pandillas) en el que ellos descubren que son capaces de aprender, de superar las barreras étnicas, guiados bajo la historia de Anna Frank, en la que encuentran una analogía de sus propias vidas.

 

#HISTORIASQUESONLIBROS

Escritores de la libertad es la adaptación cinematográfica del libro Diarios de la Calle, escrito por Erin Gruwell, recopilando las experiencias vividas juntos a este curso. Las batallas vencidas que no son menores, puesto que la violencia que se vivía en la clase era sólo la punta del Iceberg: Estos jóvenes, eran víctimas de problemas delictuales, drogas, abandono familiar y por si fuera poco, de una discriminación académica en un sistema educacional que los estigmatizaba como gente sin futuro.

A mí me hace mucho sentido la lucha de esta mujer, porque es un modelo claro de vocación y entrega por su labor como educadora. En la película se muestran todos los sacrificios que Erin tiene que hacer por su curso, todas las cosas a las que renuncia y ¿Por qué? Si no era su culpa que esta gente se estuviera matando frente a sus narices, y ahí radica el asunto.

¿Cuántas veces vemos a esta misma gente condenada al fracaso y nos desentendemos de ello? Porque así nos educaron; individualistas, preocupados por nuestro éxito y por nuestras vidas, sin considerar que no vivimos solos. Somos parte de una sociedad y somos corresponsables del bienestar común.

Esta profesora le demostró a ese colegio y a mucha gente, que tu realidad social no tiene que condenarte, tiene que ser un impulso para salir de ahí, hay mucha gente como ella, construyendo puentes para que más gente cruce el río. Todos podemos ser una Erin Gruwell. Si de algo tienen que servir estas películas es para inspirar y motivar acciones sociales que ayuden a la gente que lo necesita.

En Chile venimos peleando por la educación hace ya más de 7 años, mientras en el mundo se pelean otras guerras por dignificar a la gente. Si eres de los que sienten en el pecho ese impulso por trabajar en una causa, te invito a ver esta película, con más gente, reflexionándola, que no quede sólo como el recuerdo de un pasatiempo, usémosla como un recordatorio de que si una mujer de 23 años pudo sola contra todo un sistema educacional, nosotros también.

 

El Ignorante